IMPRESORAS 3D CON METAL

Las impresoras 3D más asequibles y habituales utilizan materiales termoplásticos como el ABS o el PLA para el modelado por deposición fundida. Estos materiales son baratos y sobre todo son fáciles de fundir: suele ser suficiente con que la impresora 3D alcance algo más de 200° grados para que comience a brotar plástico por la boquilla del extrusor. De ese modo la impresora va depositando el material fundido capa sobre capa casi a la vez que el material ya depositado se vuelve sólido de nuevo, en cuanto pierde temperatura y se enfría.The Virtual Foundry es una compañía que, todavía en sus comienzos, aspira a abaratar la impresión 3D usando metal. Abaratarlo tanto que su coste resulte parecido al de la impresión 3D con plásticos y resinas, o un poco más. Para lograrlo la compañía de Wisconsin ha desarrollado un filamento híbrido a medio camino entre el filamento termoplástico convencional y la impresión con metal, llamado Filamet.
Aunque ya es posible imprimir metales en 3D, de momento es caro y difícil. Empresas de fabricación avanzada como GE utilizan máquinas muy caras con láseres de alta potencia especializados para fabricar piezas de alto valor (ver Fabricación aditiva de nuestra lista de tecnologías emergentes de 2013). Pero esto sólo está al alcance de empresas con millones de euros disponibles para invertir en equipos, instalaciones para alimentar los láseres y técnicos altamente cualificados para operarlo todo. Y aún no existe ninguna opción sencilla para aquellos que quieran imprimir varias iteraciones de una pieza de metal durante el proceso de diseño y desarrollo de producto.Aunque el sueño no se haya cumplido todavía, la industria disputa una carrera para convertir la impresión 3D en una nueva manera de producir piezas. Algunos históricos proveedores de impresoras 3D, incluidos Stratasys y 3D Systems, están introduciendo máquinas cada vez más avanzadas, lo suficientemente rápidas para los fabricantes. El año pasado, HP introdujo una línea de impresoras 3D que afirma que permitirán prototipar y fabricar productos de nailon, un termoplástico ampliamente utilizado. Y el pasado otoño, GE gastó cerca de 1.000 millones de euros en dos empresas europeas especializadas en la impresión 3D de piezas metálicas.
La impresión 3D de metales nunca sustituirá técnicas centenarias de producción como la forja, pero podría generar nueva posibilidades dentro de la fabricación, y tal vez reimaginar el arte de la metalurgia.
Aunque ya es posible imprimir metales en 3D, de momento es caro y difícil. Empresas de fabricación avanzada como GE utilizan máquinas muy caras con láseres de alta potencia especializados para fabricar piezas de alto valor (ver Fabricación aditiva de nuestra lista de tecnologías emergentes de 2013). Pero esto sólo está al alcance de empresas con millones de euros disponibles para invertir en equipos, instalaciones para alimentar los láseres y técnicos altamente cualificados para operarlo todo. Y aún no existe ninguna opción sencilla para aquellos que quieran imprimir varias iteraciones de una pieza de metal durante el proceso de diseño y desarrollo de producto.Aunque el sueño no se haya cumplido todavía, la industria disputa una carrera para convertir la impresión 3D en una nueva manera de producir piezas. Algunos históricos proveedores de impresoras 3D, incluidos Stratasys y 3D Systems, están introduciendo máquinas cada vez más avanzadas, lo suficientemente rápidas para los fabricantes. El año pasado, HP introdujo una línea de impresoras 3D que afirma que permitirán prototipar y fabricar productos de nailon, un termoplástico ampliamente utilizado. Y el pasado otoño, GE gastó cerca de 1.000 millones de euros en dos empresas europeas especializadas en la impresión 3D de piezas metálicas.